My grandfather’s donkey

Mi abuelo tenía un burro, con él y el arado araba la tierra, y tenía una azada, un serrucho, un hacha, algunas hoces…y la tierra. Se iba al campo todos los días…luego hubo un tiempo en que no dejaban ir el domingo. Se trabajaba poque no había nada más. Ni siquiera mucho que comer. Se iba al campo, el ritmo era el del trabajo que tocaba, se estaba mucho tiempo en el campo. las casas eran pequeñas, la vajilla, tirando a mínima, las cocinas eran ‘económicas’, de leña; fuego, mesa y sillas y cama. Algún tocador y algún armario. El baño un barreño, y el inodoro, una comuna.
No había muchas posibilidades, el fruto era el que era, si llovía un poco mejor y si no, problemas. Pero os diré una cosa, la tierra estaba al máximo, claro, dentro de la miseria, pero se cuidaban las terrazas, los márgenes, se luchaba contra la hierba, pero como los medios eran escasos, digamos que había un equilibrio de fuerzas. Los campos se veían limpios, cultivados y cada árbol daba su medida, cada viña también, lo que correspondía, mucho o poco, dependiendo del sitio donde estaba, del año, del cuidado. Eso sí, se recogía absolutamente todo, en una competencia casi feroz con el entorno, por la comida.
Llegó la tecnología, los tractores se comieron a los burros, se podía trabajar mucho más terreno, se podía arar más veces, producir más…para qué…para olvidarnos del hambre y de la precariedad. Ser podía ganar más dinero, con el cual arreglar las casas y baños, comprar vajillas, pagar las averías del tractor, produciendo más, todo funciona más. Luego ya tuvimos salon, con sofás, baños, vajillas, neveras, lavaplatos, cocinas eléctricas, coche!!!. Esto funcionaba, producíamos más otras cosas, nosa ‘adaptábamos’ al mercado, eramos más flexibles, y más libres para trabajar en lo que queríamos y además teníamos más tiempo y dinero para disfrutarlo. Opulencia.
Pero ahora, nadie quiere nuestro producto, es demasiado caro de producir, hay otros sitios donde se produce más barato. Se paga menos, y esa gente tienen que comprar el tractor, arreglar la casa, comprar los electrodomésticos. La comida es un producto, industrial, solamente industrial y exclusivamente industrisl, el mundo se ha globalizado y cultivar esta tierra para darle una rentabilidad alimentaria, es DEFICITARIO. Los campos se abandonan, los cultivos se mueren,y reina el bosque otra vez por doquier, es más rentable reforzar el parque de bomberos que cultivar la tierra para que de alimento. Hemos de vivir de multincionales, esclavizados ocho horas para que continuemos esclavizados las otras ocho. Tenemos de todo y apenas usamos nada. Nunca nadie con tantos medios hizo tan poco en la tierra. Adiós.

5 comentarios

  1. La de burros, machos y mulas que había herrado mi abuelo…Carallo como cambió o conto…antes los burros tenían cuatro patas y ahora sólo dos…

  2. Hola Laure,
    Se me vino a la cabeza una revelación para nada divina; quizas los cosumidores en general envueltos en opulencia aunque sea mileurista actuan autodestructivos, la maquina social es autodestructiva! y los vinos que les gustan son autodestructivos también! filtrados e intoxicados!

    Pero en la vida existe el equilibrio, la contraparte, lo natural y los que ven natural!

    Un saludo y mucha frutta para Mendall…

  3. Sí, la cadena del liberalismo(por muy ilustrado que sea), serompe, y lo hace en la mesa, a la hora de la comida.

    Salud y un abrazo Francisco

  4. Apreciado Compadre, despues de leer la reflexion es que al sistema no le interesa gente como tu ni como yo que intentamos trabajar la tierra para que de ni mas ni menos que lo que ella desea dar, ni un kilo de uva mas, ni uno menos cada año. Mientras la agricultura industrial gana adeptos a diario intoxicando el plato que comen nuestros hijos pero quizas regresen al campo los animales y con ellos el buen hacer de antaño. Mientras seguiremos elaborando vinos que nos dejen algo mas que un buen paladar satisfecho…

  5. Sí, es penoso y hasta deprimente si te paras a pensarlo demasiado, el estado del mundo, la agricultura, la comida, etc. A mi me gusta verlo desde el otro lado, y pensar que cada hectaria que cultivamos nosotros y cada kilo de uva que producimos y cada botella de vino que hacemos es algo positivo y que poco a poco vamos ganando.

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