pasado

Esto iba al revés pero me he liado, de un escrito antiguo:

No me acuerdo del momento de nacer. Y sin embargo puedo, cuando uso el corazón, tener un sentimiento de que todo empieza por primera vez. Volver a la vida. Sentir ese cordón umbilical que te une a la tierra, al universo. Sentir ese vínculo y en ese vínculo sentir la fuerza conectada entre dos puntos, uno tú mismo, el otro todo lo demás.

Claro que eso puede ser mucho para la relación que tiene se tiene con un vino. Total, es una bebida más. ¿O no?.

Hay un proceso de expresión de una planta, de la naturaleza entera quizás en un fruto. Más aquí o más allá la uva, podemos hablar de que el fruto es el punto de partida para la fermentación, después será el producto de ésta el punto de partida de la elaboración y crianza, procesos en los que el hombre, como una parte más de la naturaleza, tiene cabida. Él decide el tipo de trabajo, accesorios, el uso del tiempo, los trasvases…todo lo que piensa favorece al vino para que la expresión sea máxima en ocasiones y con un máximo de pureza en otras. Fruto de todo esto y de su aplicación durante mucho tiempo en muchos sitios, ha sido lo que ha dado al vino además un valor añadido, su enorme variedad de formas. Y dentro de ellas la enorme cantidad de variedad de resultados, hasta la personalización. Diversidad, eso genera, por naturaleza, apasionamiento, enamoramiento, disfrute vital.

Cuando todo lo que envuelve la generación de ese vino encuentra alguna determinada armonía, se producen realmente cosas excepcionales. Diferentes aspectos pueden formar parte de ese conjunto armónico, puede tener más importancia la uva, la tierra, el tiempo o uno u otro proceso específico con diferentes porcentajes de aporte al ese único resultado final. A dónde voy con todo esto, a la tensión.

Solamente desde el respeto a la tierra, al proceso de la planta, al clima, al proceso de la uva, al proceso de elaboración, se obtienen resultados acordes a ese respeto. Tenemos el vino sincero, ese vino que habla de donde vino, que habla de cómo se formó, cómo se crió, y de quien lo elaboró. Ese vino que palmo a palmo reconstruye para nuestros sentidos el cordón umbilical que nos une a la tierra, al universo. Diferente a su hermano, igual a los de su especie. En esos vinos es donde se siente la tensión, la TENSIÓN de ese hilo que nos comunica con nuestro corazón.

De esta torpe guisa he intentado definir para mí lo que es sentir la tensión en un vino, que un vino tenga tensión, simplemente una palabra entre todo el vocablo usado para las definiciones. No sigo, es eterno el razonamiento; prefiero sentir la tensión.

Laureano

era enero 2008

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